N‑61 recuperó la nostalgia de los veranos costeros en Torrevieja, lugar de la infancia del diseñador. En una pasarela ambientada como paseo marítimo, desfilaron bañadores, triquinis y prendas deportivas con aire kitsch, ilustradas con motivos playeros y efectos de “quemaduras” pintadas en la piel. Algunas modelos rodaban sobre patines, reforzando la estética de parque acuático o paseo al atardecer.
Entre las participantes: La Terremoto de Alcorcón y Lorena Castell.
La colección unió ironía, memoria y cultura popular con acabados técnicos sorprendentes. Fue un homenaje al turismo doméstico, visto con ternura y sentido del humor.