Lo que comenzó como un proyecto de final de curso en la universidad se convertiría en la insignia del diseñador, que sin pretenderlo logró lo más importante como creativo: generar una identidad propia y reconocible.
En esta primera colección, Navarrete optó por la configuración digital de un estampado propio realizado a partir del patrón repetido de su propia cara sobre vestidos voluptuosos y prendas como camisetas o sudaderas. Una colección que sería la primera por la que apostó la Terremoto de Alcorcón y que marcaría el hilo conductor de sus siguientes creaciones en moda.

