Inspirada en la estética de los casinos de Las Vegas, esta colección otoño-invierno apostó por el exceso como argumento estético en una presentación que presidió el actor Asier Etxeandía.
Prendas acolchadas, tejidos metalizados y guiños gráficos al imaginario del juego —dados, fichas, ruletas— construyeron un relato visual rotundo. Navarrete aplicó técnicas de patchwork y cortes retro para crear siluetas que recordaban a los años 80.
El brillo, el riesgo y el artificio formaron parte del discurso. Una propuesta que exploró el juego como identidad visual y como símbolo cultural.